Este es un trabajo que entregue hace tiempo.
Un buen taller siempre estará donde el crecimiento sea siempre ordenado y el fruto provenga de la misma raíz, donde la autoridad se haga sentir sin miedo, donde llene la función de encauzar, dirigir y proteger, donde la navegación sea por la misma orilla y hacia el mismo puerto.
Donde las personas mayores sean reverenciadas, los dignatarios obedecidos y los aprendices dirigidos correctamente.
Un buen taller estará donde el fracaso y el éxito sean de todos, donde disentir sea intercambiar y no pelear, donde la formación junte los eslabones y la fraternidad forme la cadena, donde los tragos amargos se enfrenten con dignidad y se aprende de los errores.
Un buen masón siempre estará en la logia donde nació para la virtud y murió para los vicios, en el molde donde se configura y el taller donde se pule. Y muchas veces sea el punto de referencia y la credencial para darse a conocer. Por que el trabajo esculpe el carácter, imprime rasgos deja señales y marca huellas.
Aunque hay excepciones, una logia se lleva en el alma. Nunca se obscurece; queda en las luces que te alumbran el camino. Nunca se la lleva el viento; queda prendida en tu ser.
Por que en un taller somos más que amigos, somos hermanos, buscamos luz para ser mejores padres, mejores hijos y mejores hermanos.
Un buen taller no se mide por la cantidad de sus trabajos, si no por la calidad de ellos, y si en esta noche, con que un hermano haya aprendido algo en esta tenida, mi madre logia estará satisfecha y se habrá logrado el objetivo.
Es cuanto
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